Relatos en confitamiento

Hola, ¿qué tal?


Soltó el libro que tenía entre las manos y miró por la ventana. Todo era muy distinto allí arriba. Suspiró y dejó que su aliento empañara el cristal. Sonrió y pensó en escribir sobre él. En ello estaba cuando volvió a mirar por la ventana y vio que su vecino de enfrente la estaba observando. Le sonrió y volvió a coger el libro. 

La tarde siguiente volvió a ponerse junto a la ventana para leer. Ese libro le estaba costando por lo que se tiró gran parte de la tarde mirando de nuevo por la ventana y haciéndose rollitos en el pelo con el dedo. Por el rabillo del ojo vio que alguien la estaba señalando, miró y vio que era el chico de ayer. Parecía que quería que abriese la ventana. La abrió y en la distancia lo saludó. Lo vio escribir algo en una libreta: "parece que no te está gustando demasiado el libro". Ella rió y dijo: - la verdad es que no, no me engancha lo suficiente-. Él volvió a escribir "¿Cómo te llamas?". Ella buscó una libreta, la cogió y escribió su nombre "Julia ¿y tú?" "Mateo" "Encantada Mateo". Ambos se sonrieron "Me tengo que marchar ya. Espero verte mañana" escribió él, "Sí, quizás tire el libro por la ventana, no deberías perderte ese espectáculo". Julia vio como se reía y cerraba la ventana. 

Los días pasaron y las páginas se llenaron de palabras. Lo que al principio parecía algo demasiado extraño para estar pasando pronto se convirtió en una costumbre. 
"Todavía no me has preguntado por qué escribo en la libreta en vez de hablar". "Sencillo, porque si hablásemos lo estaríamos haciendo a gritos, como yo el primer día". Ella vio a Mateo fruncir el ceño y se mordió los labios. Julia había dejado volar su imaginación sobre cuál sería el motivo, pero lo que le había escrito era la opción más lógica. "¿Cuál es la teoría más loca que has tenido?" Se rió mientras lo leía "Que no tienes voz. Que te la han robado" Él frunció en ceño y por unos segundos Julia vio el dolor aparecer en su mirada, pero fue tan fugaz que creyó habérselo imaginado porque enseguida empezó a reír "Vaya, he de reconocer que no me lo esperaba. Pero venga, te doy dos intentos más. Si lo adivinas haré lo que me pidas". 
Ella empezó a darse golpecitos con el lápiz en la boca antes de escribir "Esa era mi mejor teoría. Sin embargo, acepto el reto" Buscó una página en blanco y escribió sus dos siguientes teorías y se las enseñó. Mateo las leyó y escribió "Mañana te diré la ganadora" y se fue, dejándola con un regusto amargo en la boca. 

Pero mañana no llegó. Las siguientes tardes Julia abría la ventana, pero él no aparecía. Siguió yendo a la ventana a leer, pero ya no miraba por ella. 
Una mañana cuando volvía de comprar vio en el buzón una carta. En ella solo estaba su nombre, ningún remite. Cuando llegó al piso la abrió y las primeras palabras hicieron que su corazón se le acelerase: "Querida Julia, lamento haberte dejado sin compañía en la ventana estos días. Tus tres teorías eran muy buenas, pero en ninguna de ellas estaba totalmente la verdad. Espero poder contártela cara a cara". 
El timbre del portero sonó. Miró por la ventana y lo vio allí, de pie. La saludó con la mano y le gritó: - ¿Bajas? -Volvió a coger su bolso y su chaqueta y bajó corriendo las escaleras. 

Que la magia te acompañe siempre, 

Leo. 





Comentarios

Entradas populares